miércoles, 21 de abril de 2010

Nostalgia de la nada


Lo que más me llama la atención del relativismo filosófico que atenaza nuestro final de siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI es la facilidad con que se han hecho un hueco las ideologías...y filosofías totalitarias. Hoy por hoy, hay como una tendencia construída a lo largo de estos años, dirigida a la necesidad del cambio...hacia no se sabe dónde.


Acabamos con Dios (para regocijo de Nietzsche) y Alá apareció en nuestras vidas. Acabamos con las instituciones de la sociedad conservadora y van apareciendo, cada vez más, rasgos de intolerancia hacia cualquiera que se aparte del pensamiento único de lo políticamente correcto.


La nube de cenizas que ha paralizado el cielo de Europa durante estos días, me ha hecho pensar lo insignificantes que seguimos siendo y lo poco que hemos cambiado desde el paradigma ilustrado del progreso. Nostalgia de la nada. A veces uno se torna roussoniano, como en aquel discurso sobre las ciencias donde el ginebrino afirmaba que para lo único que había servido el progreso es para hacer al hombre...más infeliz. Un Jorge de Burgos libertino este Rousseau...pero que el móvil y el ipod no nos dejen caer en la tentación.........

6 comentarios:

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Es una reflexión muy interesante la que nos traes hoy, amigo Fidelio. Es cierto que la instauración de la "Filosofía de la sospecha" (que, como sabes, sin ser un movimiento homogéneo es un fenómeno cultural que encabezan Freud, Nietzsche y Marx) ponen en tela de juicio -más aún- realizan un auténtico ajuste de cuentas a la tradición filosófica precedente, sobre todo a la de raiz idealista.

Yo sostengo que el siglo XX abre una multiplicidad de frentes culturales y de conocimiento que ha generado, en algunos casos, cierto relativismo en materia de cosmovisión (por renunciar a ésta), pero que nos abre otras formas de entender nuestro diálogo con el mundo. Por poner sólo un ejemplo, el viaje fascinante a las profundidades del alma humana que, desde las raíces freudianas es capaz de proseguir Jüng; los trabajos de Jacques Lacan. Pero en otro orden de cosas, tenemos el insustituible diálogo de Heidegger con sus maestros antiguos (Platón, Parménides).

En suma, como occidental estoy orgulloso de pertenecer a esa tradición de pensamiento que ha puesto al hombre y su intrínseca sustancia racional (y libre) en el centro del diálogo con la naturaleza y del cosmos.

Otra cosa es que las cenizas del volcán nos deje en nuestro sitio y tengamos que recurrir a la teorái de catátrofes para poder explicar estos fenómenos...

UN abrazo.

Fidelio en el bosque animado dijo...

No, no me refería al catastrofismo, me refería a la contradicción entre el avance tecnológico y la nadería en que nos puede sumir una simple erupción volcánica.

Respecto a las corrientes que citas, el enfoque que propones es, desde luego, el correcto, pero ello no es óbice para que otros hayan aprovechado esas mismas corrientes de pensamiento para ahondar en el nihilismo, por ejemplo. Seguimos con la reflexión, amigo mío, y gracias por tu comentario. Un fuerte abrazo!!

El rincón de Chiriveque dijo...

Interesantísima tu reflexión amigo mío, nos hablas de forma solapada de la "dictadura silenciosa", no sólo la que denunciaba Losantos en los años 90 sino la de las nuevas tecnologías y la del pensamiento acrítico...
Teniendo en cuenta que mañana es el día del libro, no está de más recordar que es instruyéndose y sumergiéndose en la lectura como se pueden ganar ciudadanos y no súbdidos susceptibles de sufrir el rodillo del totalitarismo.

Fidelio en el bosque animado dijo...

Me alegra verte de nuevo, Chiriveque!! Bueno, quizás acabe con pocos...pero doctos libros...!!

Manuel dijo...

A veces se confunde la nada con lo invisible y no es lo mismo.
No vemos las raíces que sustentan, en todos los sentidos, al árbol; ni los cimientos que impiden que la casa se derrumbe. Pero están ahí, son lo esencial...
Lo esencial es invisible para los ojos..., ¿no era ese el gran secreto que le reveló el zorro al Principito?
Un abrazo invisible, pero muy real,para Luis, mi buen amigo.

Fidelio en el bosque animado dijo...

Muchas gracias, querido Manuel! Tal vez el hombre vuelve a sus orígenes australopitécidos...y le gusta perderse por las ramas.

¡Qué razón tenía el zorro! Otro fuerte, fuerte abrazo para tí!