lunes, 2 de septiembre de 2013

Brahms, Rubinstein, Haitink.



Con los tres nombres que componen el título de esta entrada, no habría que escribir nada más.....................pero, como medio-dueño de este blog, voy a escribir unas letras.......una pequeña lágrima de los replicantes........

El concierto para piano nº1 de Brahms es probablemente, para mí, una de las mejores obras del compositor hamburgués. A mí me gusta más que el nº2 porque no es el "gran concierto para piano", con grandiosos movimientos y pasajes orquestales absolutamente increíbles. Eso es el número dos (para mí). Pero el número uno tiene compases tan sublimes, que parece increíble que tenga el número 15 de opus (claro que esto en Brahms no es nada raro...).

El primer movimiento está articulado, dirían los críticos, a partir de uno pocos temas arquitectónicamente perfectos. Esto, que a primera vista no dice mucho, es para mí sencillamente que Brahms aprovecha su dominio de la orquestación, por ejemplo, para que el piano nos lleve por unos pasajes absolutamente sublimes. No es casualidad que la trompa tenga momentos inolvidables (oíd su cuarteto para trompa), tampoco es casualidad el uso de los vientos....(qué difícil era después de Beethoven...o Schubert), o tampoco es casualidad el ímpetu del piano...no hace falta decir más...porque faltan miles de cosas por decir de este primer movimiento. Comprobadlo...

El segundo movimiento surge de la nada, con una cuerda en "gran" sordina y unas maderas....sin comentarios (Mozart, Beethoven)...pero...ay el final! es el final de una partitura de Bach....una resolución, unos compases finales que semejan las arquitecturas de Juan Sebastián. Pero ¿y la entrada del piano en este segundo movimiento?, unos divagantes e insinuadas cuantos compases que introducen el primer tema (por cierto que el segundo motivo es igualito que uno de los más contundentes temas de Parsifal, esas siete notas entonadas de forma solemne por la cuerda).......

Y llega el tercer movimiento.