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sábado, 4 de abril de 2009

El mal triunfa cuando los hombres buenos no hacen nada



Hoy (bueno, ayer) se conmemora el aniversario de la muerte de Brahms en Viena. Radio 2 (para mí será siempre Radio 2) ha emitid una de sus últimas opus para piano.

Pensaba escribir sobre las versiones de La Pasión según san Mateo, pero esta noche hemos visto Los sobornados. Y me he acordado de la reciente entrada de Naranjas de la China donde aparecía el escritor al que está dedicada El Crack.

Pero finalmente, el recuerdo de hoy, y despedida hasta domingo de Resurrección (os dejo esta toma de postura para que reflexioneis, je, je, je) el recuerdo de hoy es para un escritor murciano, maestro, amigo de otro maestro almeriense. Ambos hombres buenos. El escritor, gran maestro, gran persona, publicó hace unos años una recopilación de prensa sobre el eco que en España tuvo el caso Dreyfus. La dedicatoria del ejemplar que le regaló a mi padre era la siguiente: ¿Cómo es posible que se le pueda llamar "perro judío" a alguien en la patria de la libertad, la igualdad y la fraternidad?

Años después publicó otro libro sobre los diarios de clase de otro maestro, José López Almagro. También hay un documento sonoro llamado "Retablo infantil".


Hoy he conocido a una persona buena que no se ha quedado impasible ante el mal. Una persona, una compañera, que ante el acoso que algunos alumnos han manifestado hacia otra compañera, ha decidido elaborar un escrito y pedir nuestro apoyo. Quizás no sea nada, pero el hecho de que alguien se "moje" ante la injusticia, cuando los demás miramos a otro lado, merece, como mínimo, figurar en la lista de hombres buenos. Independientemente de todo, tengo la certeza de que hay alguna esperanza en este sistema educativo tan patético, reflejo de una sociedad autocomplaciente, inconsciente y no menos patética.

El texto que a continuación reproduzco fue escrito por otro hombre bueno. Un hombre que creía en la enseñanza, que era profundamente cristiano y que odiaba, por encima de todo, la injusticia. Puede que os parezca críptico en algunos detalles porque se refiere a situaciones particulares o detalles de la vida del escritor que desconocemos (las inundaciones de Murcia, la trayectoria profesional de López Almagro), eso no importa. Como tampoco importa que tengais que estar de acuerdo con el enfoque religioso de algunos de sus párrafos. En fin, aquí lo teneis.





Sr. Don Jesús Jareño López.

Mi querido amigo: La noche en que nos dio Vd. su conferencia sobre López Almagro, escribí unas notas, que son las que mi hijo ha pasado a limpio a máquina. Si no es así, nadie podría leerlas[1]. Téngalas como prueba de que sus palabras no me pasan resbaladizas. Me impresionan y me agrada rumiarlas. Si le interesan, guárdelas. Son éstas:

Cuando me dirigía a la Casa de Cultura, pensaba que para hablar de lo que Jareño iba a tratar, lo primero que había que hacer era establecer una sintonía de sentires. Es decir, primero sentir con Jareño, después hablar sobre lo dicho por él.
Conforme él hablaba iba confirmándome en mi pensamiento. Creía yo que había que establecer una jerarquización de esos sentires. Podría ser ésta o algo aproximado a ella:
Acercarse a López Almagro, con la ansiedad de que se le haga justicia (acompañada de un sentimiento de misericordia para con él, sus enemigos y su mundo).
¡Sentir con López Almagro y con Jareño! Para ello había que conocerlos en su ambiente: hijos de familia. Joven (su vida familiar y social) y hechos destacados en su vivir.
Sentir con ambos como hombres, niños y jóvenes: su formación familiar, social y humana, proyectada sobre su mundo social, profesional e imaginativo.
Creo que estos tres sentires con López Almagro y Jareño, los tuvimos.
Los que tratamos de introducirnos en el alma de Jesús Jareño, para comprenderlo y así poderle seguir, creo que pudimos ver cómo López Almagro nos hablaba a través de Jesús. Por mi parte, en muchas ocasiones, no podía separar e incluso ni matizar cuándo hablaban el uno o el otro. El impulso era más del primero. Las quejas de Jesús. Y en este instante, primero en el que Jesús se quejaba, ¿serían acaso los dos? Todos le hemos costado sangre a Nuestro Señor Jesús. Por todos nosotros lloró. Aquel hombre, López Almagro, que tan hondo sintió en sus entrañas las tristezas del pobre, del marginado, del portador de las alpargatas, de la blusa y del pavero, ¿con quién se juntó?, ¿a quién se acercó?, ¿comprendió la razón de sus flagelaciones?, ¿comprendió entonces que el dogma del Pecado Original no nos define como malos, sino -cómo diría yo- acaso como limitados, desequilibrados en la dimensión y uso de nuestras potencias del alma?, ¿comprendió acaso en sus momentos de soledad, que hay una indigencia mayor que la de los bienes de fortuna: la indigencia de la buena voluntad, de la ilusión, de la fe incluso en los hombres más pecadores y, sobre todo, la de la confianza en la misericordia y en el amor de Dios? ¿Comprendió el significado de aquel “dar su nombre a una calle de su ciudad (cumpliendo así con la política) y luego no poner la placa para cumplir así con la procesión que llevamos por dentro”?
¡Pobre compañero López Almagro, tan solo cuando más le dolía la soledad; tan solo, sin una palabra de amor de aquellos a quienes tanto había querido, de aquellos por quienes tantas espinas, en su corazón y en su frente, se habían clavado! Tan sin trabajo sus oídos que durante muchos años de agonía, jamás oyeron palabras de aliento, de amor, de aquellos que antes le habían jaleado, los mismos que no quisieron elevar unos metros sobre la pared de una calle, una piedra con su nombre grabado, y que quizá quiso elevarse para gritar que aquel era un hombre bueno, que siempre tuvo como norte de sus acciones las palabras dichas en el Monte de las Bienaventuranzas ... (Me pregunto si López Almagro, en aquellas horas frías y años de total soledad, no leería, meditaría y encontraría semejanza a su caso con el del Desterrado de la Ciudad Alegre y Confiada), y pobre de nuestro amigo y compañero Jesús Jareño López que, cuando acabó el mensaje que por su boca López Almagro y toda la Humanidad dolorida nos enviaba, se quedó solo, tanto que, a pesar de nuestra presencia y compañía, tuvo que acudir a secarle el sudor de su frente, enjugar sus lágrimas y levantarle el corazón, una heroica mujer, Maestra de Escuela Primaria, que jamás faltó a la cita con el deber aunque para ello tuviera que atravesar corrientes de agua que casi a la cintura le llegaban, llevando en sus fuertes brazos de madre -hija de la Santa Iglesia de Dios- a un hijo de 4 años, o acudir junto a él para enjugarle el sudor y lágrimas, a aquel pequeño, que ya hombre, era el que en esta noche del 12 de abril de 1983, en la Casa de Cultura de Murcia, nos hablaba, adelantándose así, por ser espíritu, al movimiento mismo de la esposa, que entre los asistentes, sus sentires compartía.
Aquella santa y heroica mujer vio a su hijo sudar en su noche de Oración del Huerto, y acudió con su mensaje de amor a levantar el ánimo, el corazón de aquel hijo, que ya antes, como Aquel, había buscado entre el público a alguien que allí no encontró y que quizá allí debería haber estado.

Amigo Jareño, abogado de casos que muy poca gente gusta de oír y de complicarse la vida con ellos (Dreyfus, López Almagro ...), ¿reciba? un fuerte abrazo con las gracias por haberme hecho sentir la presencia de su generoso corazón.

Luis Sáez Reche
[rubricado]
Murcia, 14 -abril- 1983
[1] [Alusión velada al parkinson del que ya sentía los efectos el autor de esta carta y que acabó con él].