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domingo, 21 de junio de 2009

En el día europeo de la música

Como dice Chespir en Ricardo III, los mamarrachos se atraven a poserse donde no lo hacen las águilas…y escriben artículos (esto lo digo yo) titulados La prosa y la política, un título demasiado sugerente para un espíritu oscuro, macabro y mezquino… (y me quedo corto). Pero bueno, yo vengo a celebrar el Día Europeo de la Música, dado que, al menos para esto, sí que se habla de Europa, de una Europa…para todos.

La foto que adjunto es del Museo de la Música Mecánica de Rüdesheim, algo que merece la pena visitar. Cuando ví los monos tocando el laúd, bueno, casi me da un patatús. Nos habíamos pasado la carrera recordando los cuadros del Veronés, con los monos vestidos de cortesano mezclados con el gentío…y de repente…esto!!
Estoy escuchando Radio-2, sí, sí, Rogelio, el Canto de la Sibila, y me viene a la memoria aquel día de conmemoración del milenario austríaco. Recuerdo cómo se habló de la influencia de los ritmos árabes que llegaban a Centroeuropa de la mano de músicos españoles, y, siglos antes, desde la Sicilia conquistada a los musulmanes por los normandos.

En cada rincón de cada país de nuestra Europa, esa que restringe las cuotas de aceite o que fracasó estrepitosamente en los Balcanes, en cada rincón, digo, se respiran millones de gotas de historia. Uno se para en la terraza de cualquier Hagios “lo que sea” de Creta…o palpa las piedras de una o cien mil catedrales góticas que hay desde Sevilla hasta Viena...y no es tan malo evocar, no hace falta inventar la historia. Hay mucho en común, mucha riqueza por conocer, sólo aquí en Europa, y los que votamos (o no) deberíamos hacer un esfuerzo por conocer, pensar, conocer más…y hacer Europa, ya que muchos políticos se dedican a estar, estar, estar….y estar.
Volviendo a la música, están representando un don Giovanni en Madrid. En el templo de Nemrod (¿lo he escrito bien?). Con permiso de Cosí fan Tutte, ópera excelsa y que he llegado por fin a conocer…algo, el mundo se divide entre los que toman partido por don Giovanni o por Le nozze. Recuerdo una entrevista en TVE a Severo Ochoa (¿o Teresa Berganza?) donde comentaba que nunca se ponía de acuerdo con la mezzo sobre cuál era “mejor”. He de decir que a mí me cuesta muchísimo decirlo (partiendo del hecho de que no me gusta este tipo de discusiones). Desde luego, lo que he leído sobre estas tres óperas me ha sorprendido, causado risa y, sobre todo, admirado. Entre las cosas que hay que conocer, está la clásica obra de Oscar Kunze, o la biografía de los hermanos Massin. Hay comentarios en los libretos del disco bastante buenos, como el que acompaña la versión Haitink y Thomas Allen (para algunos el mejor don Giovanni). Y luego hay artículos de tratamiento psicológico que, aunque serios, son bastante divertidos. Pero, desde luego, lo que tengo muy, muy, muy claro, es que las tres óperas de Da Ponte son algo que deberíamos oír unas cuantas veces al año. Recuerdo que hace unos veinte años, la obra más votada por los oyentes de R-2 fue la Novena. Bueno, estas tres óperas serían algo parecido.

Bueno, José María, a quién si no a ti puede estar dedicada la entrada de hoy. Desde aquellos días de la academia de piano, las tardes en el Continental o aquella mañana en Viena. Aquella tarde del segundo acto de Las Bodas…o aquella soprano nórdica y la Flauta Mágica... Cuántos años han llovido, amigo mío. Por muchos años más.

jueves, 4 de junio de 2009

Cierta idea de Europa



Bueno, acabo de ver con gran sofoco que no os torturo con ninguna entrada desde hace una semana, y es que, como dice Muñeca de Trapo...Tempus fugit!!http://munecadetrapoelvira.blogspot.com/2009/05/tempus-fugit-carpe-diem.html
Si habéis pensado que iba a hablar de las europeas, siento decepcionaros, amigos. Prometí no traer la política a esta santa casa durante al menos un mes y estoy en la gloria!



Hay una excelente serie documental que TVE emitió hace ya bastantes años y que ahora se reemite en el canal temático /cultura.es); su título es Cierta idea de Europa, y repasa a lo largo de diez capítulos los más significativos episodios de la Historia del continente a través de un viaje por los lugares donde nacieron esos hitos que, según muchos historiadores (desde Mommsen hasta Hobsbawn pasando por Pirenne o Braudel) hicieron que estemos...donde estamos...



Ya los títulos de presentación son una pequeña joya, pues con el tema de la flauta de la danza de los espíritus benditos (Orfeo de.... Gluck, lo siento Rogelio) se suceden imágenes que van desde la Máscara de Agamenón hasta La Lechera de Vermeer o aquella pintura cretense, La Parisina.



Otra de las cosas interesantes de verdad es que dedica, sin pretensión ideológica alguna, bastantes momentos al imperio turco o a los países del Este, así como a sus pautas culturales, entre las que, como no podía ser de otra manera, entraban el Cristianismo ortodoxo y el Islam.



Personalmente, lo que más me apasiona (digo lo que más, porque me apasiona la serie al completo) es el guión, aunque no esté de acuerdo en muchas de sus afirmaciones. Lo informan lecturas de todo tipo. Desde aquella cita de la novela Juliano el Apóstata, el mundo no era ni romano ni cristiano, antes Yourcenar y Memorias de Adriano...o Sthendal y Florencia. Desde el punto de vista de la Historia del Arte, es inigualable la cantidad de obras que van apareciendo, rompiendo tópicos o desafiando los tradicionales esquemas o listas de obras.



El episodio del Rhin, Alemania y las ciudades de la Hansa es, sencillamente, glorioso. Uno recorre el río y van apareciendo los castillos del Rhin, como si fuéramos en un crucero de esos que hacen los abueletes europeos. Por no hablar de las cortes europeas del XVIII o la Florencia del Renacimiento. Los comentarios sobre La cabalgata de los Reyes Magos de Gozzoli o las misas de rito armenio (creo) que amenizan los últimos siglos de Bizancio y sus archilogotetes te dejan... boquiabierto!

Mi preferido es el capítulo segundo, que se abre con la Sinfonietta de Janacek. Se hace en él un magnífico despliegue de la Tardoantigüedad (siglos III a VII), pues narra cómo se van asentando ciertos dogmas católicos, y cómo van haciéndose desaparecer herejías como el priscilianismo. Aquellos siglos en que el cristianismo acababa de tomar posesíon del Imperio romano. Creedme, es una época apasionante, eso sí, hay que hacer una lectura libre de prejuicios, porque uno se lleva sorpresas (o sea, ni Juliano el Apóstata...ni la Historia del os heterodoxos de Menéndez Pelayo...vamos el justo medio, lo imposible). Acompañado con la arquitectura de la época. Así, vamos a Tréveris o a Milán y uno descubre restos romanos o iglesias de los siglos V y VI en una ciudad que creíamos, sólo tenía milanesas (¡¡¡!!!), la Galería de Vittore Emmanuele o los dos equipos de fútbol, además de la otra tarta del norte (la catedral).

Desgraciadamente, es una serie difícil de conseguir. Tal vez al principio nos abruma con tanta cita, pero , una vez se sumerge uno en los paisajes históricos que nos trae, merece la pena releerla una y otra vez. Una visión atípica que no bebe casi de ninguna corriente al uso...aunque las reúna todas.