Rescatadas del olvido, las suites para celo de Juan Sebastián Bach han supuesto para muchas generaciones, entre las que está la mía, un redescubrimiento del maestro. Este preludio aparece en anuncios, películas y reportajes. Me sigue sorprendiendo cómo el hombre (y la mujeeeer) del siglo XX queda prendado de un preludio bellísimamente simple, pero que, simplemente (y nada menos), comineza con una sucesión de arpegios en la escala de sol mayor (creía que era en do mayor, Jesús Masero!). Algo parecido al preludio número 1 del Clave bien Temperado. Sin embargo, resulta cautivador. Pero si bello es el preludio, el resto de danzas resulta sublime.
No sé cómo es la estética de nuestro tiempo (no sé si me interesaría), es difícil saberlo, porque todo es mercancía (una de las pocas cosas en las que no se equivocó Marx), y por lo tanto, casi todo está condicionado por el márketing o el precio de mercado, incluyendo el arte. Lo que sí sé es que la música de Bach es retomada....una y otra vez. Eso, desde luego, es mucho más de lo que hubieran soñado Aquiles y todos los héroes de la Ilíada.
Las suites para celo fueron redescubiertas por el maestro Pau Casals. Las grabó y creó con ello una estética de Bach. No sabemos cómo pensaba el maestro de Köthen al querer que se interpretaran de una manera o de otra. Igual eran sólo ejercicios para practicar con el celo (como las de violín, otra catedral de la belleza). Lo cierto es que Casals les da una impronta tan humana, tan cálida e intensa, que cuesta apreciar otras versiones. Esto se lo debo a otro de mis maestros, Jesús Jareño, que me descubrió, a su vez, a Casals, a la vibrantemente humana interpretación de Casals...entre otras muchas cosas. Una vía de cómo lo humano lleva hasta Dios, a través de las Suites para celo, la Misa en Si menor o la Pasión según san Mateo. Este, por tanto, es un homenaje a ese maestro de Murcia. Profesor de francés....especialista en Charles Péguy y maestro en agitar conciencias con la Verdad. Mi padre lo quería y apreciaba mucho. Yo también. Gracias, Jesús.