martes, 3 de abril de 2012
jueves, 9 de febrero de 2012
No voy a hablar de Garzón

No voy a hablarles de Garzón. He estado viendo las noticias. No me he alegrado, precisamente, de lo que he visto...pero cuando pienso en verdaderas injusticias, en cómo la política amordaza la judicatura, me viene a la memoria un hombre que, en aquellos tiempos en que la justicia aún luchaba por ser ella misma, fue vilipendiado y condenado al ostracismo. El magistrado don Marino Barbero.
¿Quién era don Marino Barbero? Un profesor de derecho penal que en los años sesenta pronunció una conferencia en la que, nada mas y nada menos, condenó la pena de muerte. Pero era eso y mucho más. No juró los principios del movimiento, lo cual le costo un pequeño exilio lejos de Madrid. Pero, como he dicho, era eso y muchísimo más.
Ya en la democracia, y, como magistrado, se encontró casi por casualidad con el sumario FILESA, cuya instrucción le hizo blanco de la artillería pesada PRISA-Polanco-Tándem González, Guerra, Rodríguez Ibarra.
Lo que no consiguió el franquismo lo lograron lo que la prensa actual llama (uno no sabe si con reverencia... o no) los barones del PSOE.
Por entonces, ya se había reformado el CGPJ (recuerden la frase atribuída a Guerra: Montesquieu ha muerto). Cuando, tras ataque tras ataque, pidió el amparo del CGPJ, la mayoría políticamente cualificada, se lo negó. Lo que no consiguió la dictadura llegó con la nueva democracia. Don Marino Barbero se retiró de la vida pública y profesional.
Les dije que no iba a hablar de Garzón...y no lo he hecho. He intentado, eso sí, recordar la justicia, aquella que intentó alcanzar don Marino Barbero ejerciendo su profesión.
Es triste insistir en que este no es un relato hagiográfico, es simplemente un intento de exponer cómo un hombre que intentó cumplir con su obligación profesional no pudo celebrar, como Fidelio: meine pflig hab' ich getan. Fidelio se enfrentó a la tiranía y la venció gracias a la Justicia.
Cuando era pequeño, una de las primeras imágenes que recuerdo, eran las esculturas del Palacio de Justicia que mi padre me eseñó en uno de nuestros paseos. Por eso, si oigo las palabras justicia o injusticia, a quien recuerdo, es a don Marino Barbero y hombres como él (he de decir que mi padre también estaba hecho de esa pasta).
Como les he dicho, no les he hablado de Garzón.
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lunes, 16 de enero de 2012
Don Manuel Fraga
Este retrato de Fraga lo he encontrado por casualidad en una página que ha sido como un viaje a aquellos domingos en que leíamos el dominical, los domingos de ABC...o el Blanco y Negro de los domingos. Me son muy familiares los dibujos de Manolo Pardo, y por eso, espero, se me permita la licencia de poner uno.
Para mí, hablar de Fraga es recordar muchísimas cosas de mi infancia y adolescencia. Es verlo por televisión cuando era presidente de Alianza Popular y, por ende Partido Popular. Oírlo cómo ponía al marxismo en su sitio, en aquellos tiempos en que, en la trasnochada España, estaba de moda ser marxista (y encima muchos lo llevaban a gala...)...pero bueno, habíamos salido de una dictadura y, comprensiblemente, era normal.
Muchos recordarán aquella frase de la calle es mía, o la foto de Palomares, o la ley de prensa que supuso, aunque hoy no se sepa ver, un balón de oxígeno para un periodismo que aún se regía por la legislación de la guerra civil, etc, etc, etc.
Pero me gustaría destacar otro tipo de cosas. Por ejemplo, que ganó en la oposición a Tierno Galván. Que era profesor de Derecho Político (ahora le llaman costitucional), que escribió de todo. Interesantísimos artículos sobre la vertebración territorial de España en congresos de Derecho Constitucional o interesantes libros sobre España (Un proyecto nacional, En busca del tiempo servido...entre otros cientos...). En fin, una faceta intelectual que quizá no se destacaba lo suficiente cuando el papel de intelectuales se lo adjudicaban otros muchos que no lo merecían...
En fin. Quería decir que, muy modestamente, para mí Manuel Fraga es mucho más que el político, lo que, creo, ensalza su dimensión humana.
Prácticamente todas estas ideas me las inculcó... (bueno, ahora puedo decir que las comparto) mi padre, por eso las expongo, sobre todo, con cariño. Hablar de Fraga es oir a mi padre hablar de su capacidad de trabajo y servicio. Y son estas virtudes las que uno intenta practicar...peor que mejor.
Vemos cómo estos días renace un poquito el espíritu de la transición, desterrado durante mucho tiempo por ciertas ideas que surgieron de las cloacas y que nos han llevado a muchos y malos sitios en el plano ideológico. Deberíamos, los españoles, leer más, penar más y, en definitiva, servir más, sobre todo los que trabajamos.
En fin, este es mi personal homenaje a don Manuel, del que conservo el recuerdo de no achicarse ante el pasodoble que le puso La Trinca en aquel programa de los años ochenta. Genio y figura, don Manuel. Descanse en paz.
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Manuel Fraga
martes, 13 de diciembre de 2011
Happy Christmas
Este vídeo me gusta....porque hace que pongamos los pies sobre la tierra...aunquen no nos guste
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mina diablo navidad
jueves, 22 de septiembre de 2011
Qué bello es vivir! (incluso para los otros)

Uno de los muchos tópicos que oímos sobre el budismo es "muerto el perro se acabó la rabia", a propósito de su premisa de eliminar el deseo para eliminar así el sufrimiento.
La verdad, no sé hasta qué punto es verdad...o si es posible. Para mí es imposible...e incompatible con el cristianismo, la ética cristiana o como quieran llamarlo.
No es menos cierto que convivir con el sufrimiento nos lleva a varios caminos, ignorarlo, reconocerlo e ignorarlo...o vivir con él tomándolo como parte de la vida.
Siempre que recibo noticias como "una niña que tenemos en tal curso está a la espera de un trasplante"..."fulanito o menganito tiene un padre alcohólico"...un largo etcétera... Siempre, digo, me estremezco. Qué difícil es olvidar la imagen medieval (o bergmaniana, como quieran) de la muerte jugando al ajedrez con nosotros. Fatalista! me llamarán. Tal vez tengan razón, pero ¿no es más inteligente dar, de vez en cuando, gracias por no sufrir tanto como muchos de nuestros semejantes? Es muy difícil mantener la perspectiva en este mundo de marketing constante, de belleza multimedia y muerte. ¿Fatalismo? Hagan zapping por la prensa y echen un vistazo al Tercer Mundo (¿o vamos ya por el cuarto?)
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sufrimiento
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